La proyección de nuestro deseo

Publicado el 10 de agosto de 2015 en Extractos por | 0 comentarios

Cuando volví al salón había conectado con un cable USB mi teléfono a su disco multimedia. En la pantalla del televisor el cursor recorrió la lista de vídeos. Me senté junto a él en el sofá y cogió el vaso que le tendí mientras configuraba la reproducción en bucle. De nuevo frente a nosotros tuvimos a Carla, su imagen algo granulada, lamiéndome, tragándome, haciendo que me corriera en su boca, una y otra vez.

Encendí un cigarrillo y fumé despacio, saboreando cada calada. Gabriel no podía apartar la mirada de la pantalla. Daba cortos tragos a su bebida y con la mano libre acariciaba el bulto de mi pene endurecido bajo la tela del pantalón. Como para mí, los términos «homosexual» y «heterosexual» no significaban para él más que una forma rápida de resumir las experiencias pasadas, y no se declaraba ni lo uno ni lo otro. Y como yo, también, pretendía desprender el sexo de sus valoraciones morales y sociales, disfrutarlo como una mera sacudida física y vital.

Cuando apuramos las copas y dejamos los vasos en la mesa no hizo falta decir nada. Nos desnudamos sin ansiedad, casi con cierto desapego el uno hacia el otro. Me senté de nuevo en el sofá, ligeramente recostado. Gabriel me cogió el pene, dándome la espalda; le separé las nalgas para poder ver cómo se lo introducía por el ano hasta que quedó sentado sobre mí. Después comenzó a moverse de manera casi imperceptible, mientras entre las manos sostenía sus testículos y los míos, frotándolos suavemente unos contra otros. Con la misma lentitud comencé a masturbarlo.

Los minutos pasaron casi como si estuviéramos en un círculo estático, hasta que el movimiento de sus caderas se hizo más frecuente y duro, como frustrado por no poder meterse más profundamente mi miembro. En ese momento me corrí, y al notar cómo me derramaba en su interior él también comenzó a eyacular. Y como si lo hubiéramos orquestado, en la pantalla mi semen volvió a marcar la lengua de Carla.

En ningún momento habíamos apartado la mirada de ella.

Gabriel extendió la mano y cogió el mando a distancia que había salpicado de semen. Se extrajo mi pene del ano, se sentó junto a mí y congeló la imagen. Todavía con la vista fija en ella dijo:

—Tráetela algún día.

La proyección de nuestro deseo es uno de los relatos incluido en PORNO/GRAFÍA 06. Si quieres saber cómo sigue la historia, compra el libro en Amazon por sólo 1,95€.

Comentarios, ruegos y súplicas