Como encendido

Publicado el 17 de septiembre de 2016 en Extractos por | 0 comentarios

A Matteo Siroli le nace de la parte media de la cabeza una finísima pelambrera blanca que se cierra por delante en una barba sucia que le baja por el pecho hasta las ingles. Así, sentado y desnudo, parece una gran pelusa grisácea sobre el crepé burdeos del sillón. Un olor especiado hace temblar el aire mientras su mano termina de ordeñar las últimas gotas de semen. Nadie hubiera podido imaginar que de entre esas matas de fino pelo blanco pudiese aún asomar, con la violencia con que se manifestó, una erección. La mano sigue rodeando las rugosidades del templado pene y sus dedos se crispan y comienzan a tamborilear sobre el músculo flácido y exangüe, aún encendido, agradeciendo una erección más dada su edad.

Siroli es jubilado, poeta y pecador de pensamiento, por lo que lo más probable es que ya tenga garantizada una exigua pensión y el fuego eterno. Baja los ojos y suspira antes de evocar con palabras o con pensamientos las pocas imágenes que brotan de su cerebro.

—Pequeño cabrón, sigues vivo.

Se mira la mano pringosa y se la limpia en la solapa del pijama. Con los dedos de las manos y los dedos de los pies, los cojones y la polla todos suman veintitrés. Eso piensa, y añade: Con una polla y una mano el mundo no parece tan vano. Seguramente lo piensa, le hubiera supuesto demasiado esfuerzo en aquel trance pronunciar palabra alguna.

Recoge los calzoncillos del suelo, se los mete en uno de los bolsillos de la chaqueta del pijama y se levanta muy despacio, apoyando ambas manos sobre el sillón, echando su culo huesudo hacia atrás y la cabeza y los hombros hacia adelante, como lo haría una tortuga. Ha dejado un cerco oscuro de sudor en la tapicería. Se acerca a la taza del váter y orina largamente. Se sacude. Suelta la polla y al mismo tiempo acciona la palanca del retrete. Se asea un poco y se pone una camisa de franela dos tallas más grande y unos pantalones azules con raya en medio.

Sale de casa sólo cuando está completamente seguro de que la sombra cubrirá ya todas las aceras por las que tendrá que transitar para llegar a la ferretería Mazda. Aunque está jubilado sigue acudiendo al almacén de repuestos un poco antes del cierre. Huele las cajas de válvulas mezcladoras y acaricia con deleite tuercas y arandelas y, sobre todo, rememora un día tras otro su encuentro con Petrila Svegza. Se le ponen los ojos en blanco y sonríe de medio lado, medio babeando, cuando recuerda aquello. Ella era tan especial, quizás por su ligero toque a aceite mineral.

Como encendido es uno de los relatos incluido en PORNO/GRAFÍA 10. Si quieres saber cómo sigue la historia, compra el libro en Amazon por sólo 1,95€.

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